Economía en la Baja Edad Media
Los Reino Orientales - Economía

De todos los países que conforman la Corona es Aragón el que presenta un sector agrícola y ganadero más sólido. Desde el s XIV asistimos a un descenso del cultivo del cereal en beneficio de la vid y el olivo, incrementándose del mismo modo la producción de lino, cáñamo y azafrán. Los excedentes de trigo fueron utilizados para la exportación principalmente a tierras de Cataluña y sur de Francia; los excedentes en la producción de aceite salieron hacia Navarra, Cantabria y, también, al sur de Francia.

La peste negra iba a originar, como en todos los lados, una elevada mortandad que se traduce, en el campo, en el abandono de las tierras de labor. De este fenómeno se beneficiaría el sector ganadero ya que permitiría la utilización de estas tierras como pastos. Mediados el s XIV la cabaña lanar estaría formada por un total de 1.000.000 de cabezas y, a mediados del s XV, se habría duplicado. Por lo que respecta a la cifra y su ubicación sería como sigue:

- En Zaragoza, y su término, se encuentra el 30 por ciento de los efectivos. Estos rebaños pastan en la cuenca del Ebro y en las zonas del Somontano del Sistema Ibérico.

- Un 40 por ciento se encuentra ubicada en el Bajo Aragón, en las zonas de Teruel, Daroca y Albarracín. Pastorean por las zonas del Maestrazgo y San Mateo.

- Por último, el 30 por ciento restante, se encuentra en la zona norte, pastando en los valles pirenaicos, Litera y Cinco Villas.

Aragón en la producción de ganado ovino fue autosuficiente, siendo además exportador del sobrante. En cambio, tuvo que importar vacuno y porcino.

Las regiones de Cataluña y Mallorca fueron deficitarias en trigo y cereales en general, teniendo que recurrir a importaciones de Aragón, Languedoc, Provenza, Castilla, Cerdeña y Sicilia. El trigo aragonés llega a Barcelona a través de la corriente del Ebro hasta Tortosa; de ahí, vía marítima, a Barcelona. El trigo sardo, siciliano e italiano serviría, fundamentalmente, para suministrar las necesidades de Valencia y Mallorca.

Cataluña produce vino, aceite y frutos secos, que dedica en buen parte a la exportación. Pero, junto con Mallorca, presenta serias deficiencias en el sector ganadero en el que sólo es autosuficiente en la variante del porcino. Las limitaciones en el sector del ovino las soluciona importándolo de Aragón.

La miel, utilizada como edulcorante, se produce en las zonas meridionales de la Corona, en el norte de Valencia y sur de Cataluña. La miel, junto con el azúcar de caña, se utiliza en la exportación.

Cataluña presenta un déficit en el sector perquero. Se consumía pescado seco y en salazón, proveniente de Sicilia, Málaga y Flandes. El pescado fresco que llegaba a Cataluña tenía su origen en el Cantábrico y llegaba a través de la ruta Navarra.

En Valencia nos encontramos con una agricultura variada y próspera, si bien manifiesta un claro déficit en la producción de trigo que, muchísimas veces, se soluciona con la utilización alternativa del arroz. La única zona donde su producción es importante es en Orihuela. Cabe pensar que su cultivo se consideró poco rentable, debido al mayor valor de otros productos como los cítricos, la caña de azúcar y las denominadas plantas industriales. De esta forma, el trigo es importado de Sicilia, Nápoles, Berbería, Francia, Castilla y Aragón.

Valencia es una región más ganadera que Cataluña debido a que, mediante pactos, pudo utilizar los pastos de las tierras aragonesas de Albarracín y las castellanas de Murcia y Cartagena.

En cuanto al sector metalúrgico, toda la Corona importó estaño (de Inglaterra), cobre (de Castilla, Oriente Medio y Alemania) y oro (del norte de África). Cataluña poseía mineral de hierro suficiente para la creación de una industria metalúrgica de objetos de uso corriente, de mediana calidad, siendo exportadora de mercurio, antimonio y plata. Aragón, en cambio, tiene que proveer sus ferrerías de hierro del Cantábrico.

En cuanto a las fibras vegetales, éstas se cultivan en tierras de Alicante: el esparto, los juncos y las palmas. Cataluña es deficitaria en lino y cáñamo, que le es suministrado por Valencia en buena parte. Valencia también proveerá de seda bruta al conjunto de la Corona de Aragón.

Aragón y Valencia son autosuficientes en la producción de lana con la que suministrar sus pañerías; Cataluña, en cambio, se ve obligada a comprar.

La industria artesanal de las ciudades cubre las necesidades cotidianas de la población: carpinteros, zapateros, cordeleros, sastres, tejedores de lino, jaboneros, herreros, cerrajeros, alfareros… En Valencia adquiere una singular importancia el trabajo de la madera, obtenida de los propios bosques valencianos y de los aragoneses, que dará lugar a una fuerte industria manufacturera de muebles que permite incluso su exportación.

En artesanía de lujo (argentería, orfebrería y esmalte) los catalanes y valencianos exportan cuchillos, espadas, lanzas, corazas, ballestas y puñales a Castilla, Sicilia y el Mediterráneo oriental.

La artesanía del cuero se da en todas las ciudades, pero es en la ciudad de Valencia donde destaca en especial. En Barcelona se trabaja el coral y, la cerámica mudéjar, se produce especialmente en Valencia y Teruel.

Pero la industria principal es la producción de tejidos de lana. En el s XIV esta industria hará de Barcelona el centro económico del mundo mediterráneo. La situación de esta actividad con anterioridad al s XIII es mediocre, pero la tensión originada, a finales del s XIII con Francia (por el control de Sicilia), originará en Cataluña un cambio de orientación que posibilitará el desarrollo de una industria propia. Esta industria produce unos paños de mediana calidad y a menor coste que los franceses, por lo que resultan interesantes en determinados sectores sociales.

En Valencia y Aragón esta industria se desarrolla algo más tardíamente que en Cataluña y, hasta bien entrado el s XV, no llegan a convertirse en exportadoras.

La labor exportadora de la Corona de Aragón se vio favorecida por la existencia de una amplia fachada marítima. En ella el volumen comercial se desarrolla fundamentalmente en las grandes ciudades como Mallorca, Valencia y Barcelona. Se une a éstas la ciudad de Zaragoza, desde donde las mercancías salían de su puerto fluvial con dirección a Tortosa, y de ahí seguían su tránsito vía marítima.

El comercio interior tiene que cargar con el inconveniente del mal estado de las vías de comunicación y de las limitaciones ocasionadas por tener que efectuarse el transporte utilizando carros de cuatro ruedas, con los que se efectuaban desplazamientos diarios de más de 50 kilómetros.

La construcción naval tiene lugar en Mallorca, Barcelona y Valencia, con madera obtenida del Montnegre, Montseny, el Pirineo Central y los bosques valencianos y turolenses. En relación con el transporte marítimo, desde mediados del s XIV, se desarrollan los seguros, como consecuencia de las actividades mercantiles que, en Barcelona, efectúan comerciantes italianos.

En cuanto a las grandes rutas del comercio de la Corona de Aragón, hemos de diferenciar dos: las peninsulares-europeas y las mediterráneas.

Por lo que respecta a las rutas peninsulares y europeas, hemos de decir que, si exceptuamos los propios intercambios de los países miembros, a los mercaderes les interesó menos la actividad comercial peninsular que la mantenida con los países del resto de Europa. Del Languedoc se proveían de trigo y vendían especias; del Ródano se obtenía lino, cáñamo, cobre, latón y metalurgia elaborada, que se pagaba con especias orientales y azafrán aragonés y catalán. De los Países Bajos e Inglaterra se compraba estaño, lana de calidad, tejidos flamencos de lujo y planchas de hierro y se vendía azafrán, azúcar y especias orientales.

Ya en las rutas mediterráneas, Cerdeña, Sicilia, Nápoles y norte de África, con su escaso desarrollo industrial, fueron buenos clientes a los que se suministró de productos manufacturados y de los que se obtenían, por otra parte, materias primas. Los mercados de Cerdeña fueron menos atractivos, obedeciendo su conquista a una estrategia puramente de carácter político.

Más allá de Sicilia se encontraba el Mediterráneo oriental, al que se accedía por dos rutas:

- Por medio del Imperio Bizantino. Esta ruta fue poco frecuentada.

- A través de Siria. Éste es el recorrido comercial al que debe Barcelona su importancia. Rodas era escala, y almacén de mercaderías, para, desde aquí, dirigirse a Siria o Egipto. Estas mercancías eran cambiadas por especies (jengibre, pimienta, canela, laca, incienso) y, secundariamente, por tejidos finos y materias primas (lino y algodón).

Este elevado volumen de negocio ocasiona la aparición de banqueros privados, pero también surgen bancos públicos como la Taula de Canvi de Barcelona. Por otra parte, durante los s XIV y XV tiene su aparición la letra de cambio.

El sistema monetario feudal (en que cada condado – obispado tiene su moneda propia) evoluciona y, a partir del s XIII, predomina en Cataluña la moneda barcelonesa y en Aragón y Cataluña Nueva (Tortosa – Lérida) la moneda jaquesa. En Valencia, a partir de finales del s XIV, la moneda frecuente es la senyal.

 
Corona de Aragón: llegada de los Trastámara
Los Reino Orientales - General

Los reinados de Juan I (1387-1396) y Martín el Humano (1396-1410) están plagados de dificultades de todo tipo.

Martín el Humano muere sin descendencia en 1410 ya que, un año antes, había muerto su único hijo. Ante la situación planteada existen varios candidatos al trono: Luís de Cantabria, Jaime de Urgel, Alfonso de Gandía (nieto, por línea masculina de Jaime II) y Fernando de Antequera (nieto, por línea femenina de Pedro el Ceremonioso).

Fernando de Antequera era el regente de la Corona de Castilla y poseía una inmensa fortuna. Promete al Papa Benedicto XIII obediencia de toda la Península, gozando del favor de Vicente Ferrer, confesor de Benedicto, predicador de gran influencia no sólo a nivel peninsular.

En 1411 la Corona de Aragón se encuentra al borde de la guerra civil. En Aragón nos encontramos con dos parlamentos, el de Alcañíz (trastamarista) y el de Mequinenza (urgelista). Idéntica situación se vive en Valencia, un parlamento en Traiguera (trastamarista) y otro en Vinaroz (urgelista). En Cataluña se mantiene uno sólo, pero las divisiones internas lo hicieron inoperante.

Tras las conversaciones con Fernando de Antequera, Benedicto XIII lanza la excomunión contra el parlamento de Mequinenza, lo que dota al de Alcañíz de legitimidad. Los parlamentarios catalanes acaban aceptando la situación (Concordia de Alcañíz, 1412) y tropas aragonesas y castellanas ayudan a los trastamaristas valencianos a derrotar a sus rivales.

Reunidos en Caspe los nueve compromisarios, representando a Aragón, Cataluña y Valencia (tres por cada territorio), eligen como monarca a Fernando de Antequera (1412). La votación fue como sigue: los compromisarios aragoneses (Domingo Ram, Francisco de Aranda y Berenguer de Bardaixi) dieron todos su voto a Fernando; los valencianos le dieron dos votos, los de Vicente Ferrer y Bonifacio Ferrer, el compromisario Pere Bertrán se abstuvo; los catalanes le dieron un voto, el de Bernat de Gualbes, Guillem de Vallseca votó por Jaime de Urgel y Pere Segarriga por Alfonso de Gandía.

Es interesante destacar las puntualizaciones que hicieron los compromisarios catalanes que no votaron a Fernando de Antequera, el arzobispo de Tarragona, Pere Segarriga, y el jurista Guillem de Vallseca. Ambos coincidieron en distinguir entre justicia y utilidad y, aunque no dieron su voto a Fernando, coincidieron en que era el candidato más útil.

Jaime de Urgel comete la torpeza de no aceptar la resolución e inicia una revuelta militar siendo derrotado (asedio de Balaguer, 1413) y encarcelado de por vida.

Fernando de Antequera no tiene tiempo de conocer siquiera cual es la realidad del trono que tiene que ocupar ya que muere dos años después de tomar posesión. Le sucede su hijo Alfonso el Magnánimo (1416-1458).

Alfonso el Magnánimo se dirige a Barcelona (1416), donde se encuentra con la desagradable sorpresa de que el Parlamento le niega el subsidio para la lucha contra Génova. Se traslada entonces a Valencia, en donde le es concedido. La sorpresa es que, al poco, decide partir hacia Cerdeña (de donde no volverá hasta 1423), dejando como lugarteniente en la Corona de Aragón a su esposa, María.

A su vuelta, vuelve a solicitar dinero a Barcelona, que nuevamente les es denegado. Otra vez se lo concede la ciudad de Valencia (Cortes de Murviedro, 1428). Tras esto pone interés en participar en los asuntos internos de Castilla, en donde sus hermanos los infantes de Aragón (Juan, rey consorte de Navarra y Enrique, Gran Maestre de la Orden de Santiago) encabezan una facción nobiliaria hostil a Álvaro de Luna y su política de reforzamiento del poder real.

La pérdida de la guerra en Castilla hace que dirija sus intereses ahora sobre Nápoles. Marcha definitivamente a Italia en 1432, conquistado en 1442 Nápoles en concordancia con los deseos de un sector importante de la nobleza mercantil catalana.

Mientras reside en Nápoles a su esposa María le toca aplicar las líneas maestras de la política trasmitida por su esposo desde Italia. El interés por debilitar a la nobleza le lleva a apoyar a las masas campesinas y procede a abolir las servidumbres. Esto va a ocasionar a María muchísimos problemas abandonando en 1453 el Principado y estableciéndose en Castilla.

Alfonso el Magnánimo nombra entonces a Galcerán de Requesens su nuevo lugarteniente, lo que provocará todavía más tensiones con las oligarquías. Para remediar el asunto decide ahora confiar el puesto de lugarteniente a su hermano, el ahora ya rey navarro Juan, y futuro Juan II de Aragón. Sólo decir a este respecto que las medidas tomadas, y su mal quehacer, ya habían ocasionado una guerra civil en Navarra.

En 1458 fallece Alfonso el Magnánimo, sucediéndole su hermano Juan II de Aragón (1458-1479). Como no podía ser de otro modo, en el periodo 1462-1463 asistimos a la primera guerra civil. El Parlamento de Cataluña ofrece la corona a Enrique IV de Castilla (1462), que no acepta. Al final, los realistas logran imponerse, para lo cual tienen que contar con la ayuda de los franceses.

En la segunda fase de la guerra civil (1462-1466), las instituciones catalanas ofrecen la corona al condestable de Portugal, que también declina el ofrecimiento. Tras ello hacen un ofrecimiento a Renato I de Provenza (1466); el hijo de éste, Juan de Lorena, llega a Cataluña con tropas francesas y napolitanas, obteniendo la victoria de Viladamat (1467) y posterior capitulación de Gerona.

Pero Juan II tiene ahora el apoyo militar de su hijo Fernando, más tarde Fernando el Católico. El matrimonio de éste con la hermanastra de Enrique IV de Castilla, Isabel (la Católica), junto con una alianza de Inglaterra y Borgoña, además de la inyección económica obtenida de aragoneses y valencianos, le permite recuperar Gerona y numerosas villas del Ampurdán, el Vallés y el Maresme (1471). En 1472 recupera la ciudad de Barcelona, poniendo fin a la guerra.

 
Reinos de taifas: régimen de parias
Al-Andalus - General

"Ibn Ammar había quedado empeñado con el cristiano, ya que, por el compromiso adquirido cuando alquiló un ejército para lo de Belillos, le debía grandes cantidades e importantes sumas, que debía pagarle y le tenía prometidas. Con este motivo ponía a su soberano [Al-Mu´tamid] en graves aprietos, porque no quería dejarle reposar un momento, para hacerse el indispensable en medio de las discordias, y no vacilaba en atraer el mal contra los musulmanes. Siempre que Al-Mu´tamid se esforzaba por aplacar la situación, o que yo quería hacer las paces con él, o que surgía una tregua, Ibn Ammar no descansaba hasta anularla y atizar de nuevo la hoguera de la disensión.

Por segunda vez fue a visitar al cristiano Alfonso y a presentarle fácil el negocio de Granada pintándome a sus ojos como un ser incapaz para todo por mi flaqueza y mis cortos años. Le garantizó, además, que con la toma de Granada todos los tesoros de esta ciudad pasarían a su poder, a cambio de que el cristiano le asegurase que, una vez hecho dueño de la plaza, la pondría bajo su soberanía y le dejaría apropiarse de mi pecunio personal. No dejó paso por dar para decidir a Alfonso a ir contra Granada y no sólo le entregó considerables sumas con ese propósito, sino que incluso le prometió que, una vez acabado el negocio, le daría cincuenta mil meticales, a más de lo que encontrase en la ciudad, para animarle a ponerse al punto en camino.

Tales proposiciones excitaron la codicia del cristiano. "Éste es un negocio -se decía- en el que de todos modos he de sacar ventaja, incluso si no se toma la ciudad, porque ¿qué ganaré yo con quitársela a uno para entregársela a otro sino dar a este último refuerzos contra mí mismo? Cuantos más revoltosos haya y cuanta más rivalidad exista entre ellos tanto mejor para mí". Se decidió, pues, a sacar dinero de ambas partes y hacer que unos adversarios se estrellaran contra los otros sin que entrase en sus propósitos adquirir tierras para sí mismo. "Yo no soy de su religión -se decía echando sus cuentas- y todos me detestan. ¿Qué razón hay para que desee tomar Granada? Que se someta sin combatir es cosa imposible y si ha de ser por guerra, teniendo en cuenta aquellos de mis hombres que han de morir y el dinero que he de gastar, las pérdidas serán mucho mayores que lo que esperaría obtener, caso de ganarla. Por otra parte, si la ganase, no podría conservarla más que contando con la fidelidad de sus pobladores, que no habrían de prestármela, como tampoco sería hacedero que yo matase a todos los habitantes de la ciudad para poblarla con gentes de mi religión. Por consiguiente, no hay en absoluto otra línea de conducta que encizañar unos contra otros a los príncipes musulmanes y sacarles continuamente dinero para que se queden sin recursos y se debiliten. Cuando a eso lleguemos Granada, incapaz de resistir, se me entregará espontáneamente y se someterá de grado, como está pasando con Toledo, que a causa de la miseria y desmigamiento de su población y de la huída de su rey se me viene a las manos sin el menor esfuerzo".

Yo sabía que tales eran sus propósitos por lo que contaban sus ministros y por lo que me repitió Sisnando con ocasión de este viaje. "Al-Andalus -me dijo de viva voz- era al principio de los cristianos hasta que los musulmanes los vencieron y los arrinconaron en Galicia, que es la región menos favorecida por la naturaleza. Por eso ahora pueden, desean recobrar los que les fue arrebatado, cosa que no lograrán sino debilitándoos y con el transcurso del tiempo, pues, cuando no tengáis dinero ni soldados, nos apoderaremos del país sin ningún esfuerzo". Pero todos los príncipes musulmanes capeaban las circunstancias y veían correr los días diciéndose: "De aquí a que se nos termine el dinero y nuestros súbditos, como los cristianos pretenden, Dios nos hará salir del paso y vendrá en socorro de los musulmanes"".

Memorias de Abd Allah, Trad. de Levi-Provençal y E. García Gómez

Las "memorias" de Abd Allah, último rey ziri de Granada, destronado por los almorávides (1090). Publicado en revista Historia num. 380 diciembre 2007

¿Quién es quién?

Abd Allah: último rey zirí, de origen bereber, del reino de Granada (1075-1090). Escribe sus memorias tras derrocamiento por almorávides en 1090. Murió en fecha desconocida en su destierro de Marruecos.

Alfonso VI: Hijo de Fernando I el Magno, reunió bajo su corona los reinos de León y de Castilla. No fue un hombre de excelente cultura, como los monarcas musulmanes que intervienen, pero fue un gran rey.

Belillos: fortaleza levantada a 25 kms de la ciudad de Granada. Hubo un incidente cuando Abd Allah se niega al pago de las parias.

Ibn Abbad: alias Al-Mu´tamid, rey de Sevilla, la taifa más importante, durante 1069 al 1091. Destronado por los almorávides, muere en Marruecos en 1095

Ibn Ammar: Visir o primer ministro de Ibn Abbad. Fue muerto por Ibn Abbad tras querer proclamarse rey de Murcia hacia 1085, conquistada por él mismo para Sevilla.

Sisnando: mozárabe educado en Córdoba y que llegó a ejercer altas funciones en la corte de Sevilla. Convenció a Fernando I a tomar Coimbra, de la que fue gobernador.

Zirí: dinastía de los reyes de Granada, originarios de la antigua provincia romana de Ifriqiya (actual Túnez).

Comentarios:

La situación descrita en el texto es de una extrema debilidad de la España musulmana , como consecuencia

Reinos de taifas hacia 1035

de la desintegración del califato en los reinos de taifas. La debilidad viene dada por la inestabilidad política (no guarda relación con la menor extensión de las mismas) ocasionada por la falta de legitimidad de los distintos reyes que acceden al poder como consecuencia de la fuerza y los intereses personales de familias o grupos determinados. La debilidad política no debe de extenderse al plano económico, dado que la economía de Al-Andalus sigue siendo buena, y mucho menos debe de pensarse en una crisis en el plano cultural ya que éste es uno de los momentos más fecundos.

Los hechos narrados tienen lugar en la primera parte del reinado de Abd Allah (entre 1075 y 1085). Se trata de los comienzos del s XI en los que Al-Andalus es explotada económicamente por las monarquías cristianas. Durante este tiempo la Reconquista no avanza en términos espaciales, la actitud consiste en obtener un dinero fácil que sirve para nutrir las arcas cristianas en la misma manera que debilitan las musulmanas.

De todas formas sí existe una idea de Reconquista, cosa que recoge el mismo texto de Abd-Allah. Lo cierto es que durante todo el proceso de ésta el número de victorias de cristianos y musulmanes son parecidas, pero el hecho de que para los cristianos existe una idea de España, carente en los musulmanes, dota a la "guerra" un contenido ideológico que fue decisivo en la victoria final.

El pago de impuestos (régimen de parias) también ocasionaría sublevaciones de los propios súbditos, como consecuencia de las elevadas cargas impositivas sufridas para poder hacer frente a las obligaciones con los cristianos. Esto llevaría consigo a unas nuevas peticiones de ayuda para acallar las sublevaciones o a la contratación de mercenarios extranjeros (como lo fue el propio Cid). Además, estos pagos, no solucionaron nada ya que fueron, en muchas ocasiones, antesala de una conquista definitiva, como sucedería en 1085 con Toledo. Esta situación de clara inferioridad terminará con la invasión almorávide.

Para los cristianos las parias fueron un codiciado activo que fue incluido en los testamentos de los monarcas. Así por ejemplo, Fernando I de Castilla – León, a su muerte, hace entrega a Sancho de Castilla y las parias de Zaragoza; a Alfonso de León y las parias de Toledo, y a García de Galicia y las parias de Sevilla y Badajoz.

 
Plenitud política
Los Reino Orientales - General

Durante Baja Edad Media es preciso distinguir tres periodos:

- Periodo de apogeo. Transcurre desde finales del s XIII hasta los comienzos del s XIV, abarcando los reinados de Pedro I el Grande (1276-1285), Alfonso el Liberal (1285-1291) y Jaime II (1291-1327).

- Un segundo periodo, en el cual se inicia la decadencia, correspondiente a los reinados de Alfonso el Benigno (1327-1336) y Pedro el Ceremonioso (1336-1387). Para continuar el proceso de degradación con los monarcas Juan I (1387-1396) y Martín el Humano (1396-1410); con el reinado de éste último se pondrá fin a la dinastía originaria.

- El que comienza tras el Compromiso de Caspe (1412) y que posibilita la llegada de los Trastámara castellanos. Dinastía de difícil aceptación, sobre todo en Cataluña, y que corresponde a los monarcas Fernando I (1412-1416), Alfonso el Magnánimo (1416-1458) y Juan II (1458-1479).

El momento de plenitud de la Corona de Aragón ocupa del 1276 al 1327. Comienza éste con el reinado de Pedro I, sucesor de su padre Jaime I, que somete una sublevación de los musulmanes de Valencia entre los años 1276 y 1277. Temerosa de su creciente poder, la nobleza catalana (ayudados por su hermano Jaime II de Mallorca), se subleva contra la monarquía, siendo derrotados en 1280.

En el año 1282 es conquistada Sicilia, más por intereses dinásticos que por una voluntad política o económica de los nobles catalano-aragoneses. Este hecho va a originar un duro enfrentamiento con la Casa de Anjou, Francia y el Papa. Además, la necesidad de conseguir financiación para esta empresa, ocasionará una situación de debilidad en el interior, teniendo que aceptar el monarca una serie de límites impuestos por la clase señorial.

La nobleza aragonesa, que no se muestra partidaria de la política mediterránea del monarca, desea extender

Expansión mediterránea catalono-aragonesael Fuero de Aragón al reino de Valencia. Aunque el monarca se niega a ello, consigue que se cree la figura del Justicia de Aragón, elemento que se interpone al monarca en sus deseos de hacerse con el control político del reino de Aragón. Otro triunfo de la nobleza es el conseguir que Pedro I de vía libre para la creación de la Unión Aragonesa, agrupación que cuenta con el apoyo de ésta y de las ciudades.

A la muerte de Pedro I (1285) es coronado, en Zaragoza (1286), Alfonso el Liberal. La Unión Aragonesa le obliga a extender el Fuero a Valencia pero, una vez terminada la conquista de Menorca, actúa militarmente contra la Unión y deroga la aplicación del Fuero. Una vez más se va a poner en entredicho la autoridad del monarca cuando fuerzas ultra-pirenaicas amenazan con invadir Cataluña; el rey tiene que claudicar a las pretensiones de los nobles y acepta unas mayores limitaciones de su autoridad en beneficio del Justicia, así como el restablecimiento del Fuero en el reino de Valencia.

Una vez derrotadas las tropas invasoras, llega a un compromiso con la Unión Aragonesa en lo referente a la aplicación del Fuero en Valencia, de tal forma que sólo será aplicado a los lugares valencianos que lo soliciten. A partir de las Cortes de Monzón (1289) hasta 1347 las grandes conjuras nobiliarias no volverán a darse en la Corona.

El reinado de Jaime II puede catalogarse como de plena aceptación de las formas pactistas, pero el monarca no excluye incrementar su poder por otros medios. En este sentido Jaime II recupera el condado de Urgell (1314), tras lo cual acuerda la boda de la condesa heredera Teresa de Entenza con su hijo Alfonso; de un modo parecido, en 1325, incorpora el condado de Ampurias a su linaje.

Jaime II apreció la ayuda que, a lo largo de la historia, prestó el Temple a la Corona de Aragón pero, ante la situación creada en 1307, tuvo que ir contra ellos negándose, eso sí, a traspasar sus bienes a la Iglesia. Consigue del Papa autorización para crear la Orden de Montesa (1317), como especie de heredera del Temple, a la cual encargó la tarea de defender las fronteras meridionales de la Corona.

En política exterior, en este periodo, el eje central radica en Sicilia. Los hechos comienzan cuando Pedro I casa con la princesa siciliana Constanza de Hohenstaufen (1262) y, seis años después, Carlos de Anjou, apoyado por Francia y el Papa, desposee a la familia Hohenstaufen de Sicilia, lo que obligará a Pedro I a defender los derechos de su esposa.

Antes de tomar la Sicilia reconoce (1279) los derechos de su hermano Jaime II (de Mallorca) sobre los territorios de Mallorca, Rosellón y Cerdaña pero, a cambio, le exige vasallaje. Tras este paréntesis, en 1282, la armada dirigida por el almirante Roger de Lauria derrota a la escuadra angevia y se apodera de Sicilia, haciendo prisionero al futuro Carlos II de Nápoles. El Papa reacciona excomulgando a Pedro I y, lo peor, es que legitima el espíritu de cruzada contra la Corona de Aragón, por lo que tropas ultra-pirenaicas llegan a sitiar Gerona (ayudados por Jaime II desde Mallorca). Las epidemias, y los éxitos militares de Roger de Lauria cortándoles la línea de suministros por mar, hacen que tengan que retirarse.

Con la muerte de Pedro I (1285) sus reinos patrimoniales (Aragón, Cataluña y Valencia) pasan a su primogénito Alfonso -que gobernará con el sobrenombre del Liberal- , su segundo hijo, Jaime -futuro Jaime II-, recibe la corona de Sicilia. Mientras tanto Mallorca se encuentra en fase de anexión, en represalia por la ayuda prestada a las tropas ultra-pirenaicas en el sitio de Gerona.

Como ya ha sido expuesto, en 1287, Alfonso el Liberal conquista la isla de Menorca a los musulmanes, iniciando tras ello una fase (1289 al 1291) de hostilidades fronterizas con Castilla, por las tierras de Soria y Cuenca. Ya en estas fechas se hace patente la inconveniencia de una guerra de excesivo desgaste con Francia y el papado, que no consigue los objetivos previstos pese a contar con un rehén de lujo, como es el propio Carlos II de Nápoles. El rey Eduardo I de Inglaterra, señor de Aquitania, surge en escena para hacer de mediador, pero la muerte prematura de Alfonso hace inútil tal propuesta.

Jaime de Sicilia, Jaime II de Aragón, sucede a su hermano Alfonso, dejando en Sicilia a su hermano Federico ocupando la corona. Buen diplomático, consigue la paz con Francia y el Papa firmando el Tratado de Agnoni (1298). El fin de las hostilidades lo consigue casando con Blanca de Anjou (hija de Carlos II de Nápoles); dona Sicilia al Papa, con lo cual consigue que se levanten las condenas contra Aragón; restituye Mallorca a Jaime II (de Mallorca) con la condición de que le sea prestado vasallaje y, parece ser, consigue un acuerdo secreto mediante el cual tiene las manos libres para, en un futuro, poder intervenir en Cerdeña.

Los sicilianos no aceptan el contenido del Tratado de Agnoni y nombran rey de hecho a Federico de Aragón con lo que, en consecuencia con el tratado firmado, su hermano, Jaime II, tiene que intervenir contra él. La flota aragonesa, junto con la angevina, parte hacia Sicilia pero no consiguen derrotar a la siciliana. Tras esto, Jaime II (que nunca puso demasiado interés en alcanzar la victoria), se retira de la contienda bajo el pretexto de haber cumplido lo pactado. De esta forma se consolida en Sicilia una rama de la Corona de Aragón que se mantendrá en el poder hasta 1409.

En 1291, mediante el Pacto de Monteagudo, llega a un acuerdo con Castilla para la repartición del norte de África. De esta manera la zona ocupada por el actual Marruecos correspondería a Castilla y la zona este, a la desembocadura del río Muluya, a Aragón. Jaime II colaboró con los castellanos en la conquista de Tarifa (1292) y en la vigilancia del Estrecho (1293-1294).

De vital importancia era para Jaime II el control de la manga mediterránea, espacio que se extiende desde las islas Baleares hasta Argel, pasando por Alicante y Cartagena (en esos momentos en poder de Castilla), Málaga y Almería (poseídos por el rey de Granada). Para llevar a cabo sus fines firma con el rey de Granada un tratado de paz y de ayuda militar frente a Castilla (1296), que no obtiene los efectos deseados. En el año 1300 vuelve a maquinar una triple ofensiva contra Castilla, uniendo las fuerzas de Aragón, Granada y Marruecos; tampoco funciona, debido a que el rey de Granada se desentiende al final de la operación.

En el año 1304, agotada ya esta vía, Aragón y Castilla deciden resolver sus diferencias mediante un acuerdo por el que Molina, Murcia y Cartagena quedan en manos castellanas, mientras que Alicante, Elche, Orihuela y Crevillente, en las de Aragón. A la desesperada, Jaime II ordena el sitio de Almería (1309-1310) pero sus tropas no consiguen hacerse con la plaza y tienen que retirarse.

Las intenciones de hacerse con el control del pasillo mediterráneo se ven frustradas, siendo este hecho algo muy grave ya que va unido a la ineficaz presencia aragonesa en el norte de África.

En el año 1297 el Papa Bonifacio VIII concede a Jaime II la infeudación de Córcega y Cerdeña, pero tales

Los almogávaresterritorios deberán ganarse por las armas. La idea de Jaime II es conseguirlos como un mecanismo de apoyo para asegurar la navegación hacia Oriente, pero los efectos reales ocasionados fueron un problema cuyas pérdidas superaron con mucho a las ganancias.

Puntualizar, por último, que la aventura de la Gran Compañía Catalana (los almogávares) es un episodio aparte de la realidad política de la Corona, pero que ofrece gran relevancia debido a que Ramón Muntaner, guerrero perteneciente a la misma, la lleva a una Crónica admirable. En resumen: cometido el asesinato de Roger de Flor, líder de los almogávares, sus lugartenientes (Berenguer de Entenza y Bernat de Rocafort) se dedican a saquear (todavía más) la zona, adueñándose del ducado de Atenas y de las tierras de Tesalia, formando el ducado de Neopatria (1318), que es puesto bajo la protección de los reyes de Sicilia y, por consiguiente, bajo la soberanía del linaje de los monarcas de la dinastía original de la Corona de Aragón.

 
Economía de Castilla en la Baja Edad Media
Los Reinos Occidentales - Economía

Los Trastámara efectuaron enormes donaciones a los nobles que les ayudaron a conseguir el poder siendo éstas fuente principal en la aparición de poderosos señoríos en Castilla que, inevitablemente, llevaría aparejado el retroceso del común.

No es otro el motivo por el cual Enrique II fue llamado "el de las Mercedes"; sus favores, a los que le ayudaron, generalizó el sistema del mayorazgo y provocó una expansión señorial, nunca antes conocida en Castilla, que trae como consecuencia la pérdida de la condición realenga de muchas villas y aldeas que ven como, a partir de ahora, los abusos de la clase señorial son cada vez mayores. Esto ocasionará una serie de levantamientos campesinos en las últimas décadas del s XIV. La razón esencial de estos levantamientos no debe de buscarse en un deseo de cambiar el régimen sobre el cual se sustenta la relación entre la clase explotada y la explotadora, nunca se planteó esto. Fueron los mismos una respuesta puntual a excesos de los señores y, en la mayoría de las veces, se recurrió al amparo del poder real, otra cosa sería el que se concediese.

La consecuencia económica principal del establecimiento de estos poderosos señoríos fue la expansión de la ganadería lanar trashumante, hecho que contó con la ayuda prestada por el Consejo de la Mesta –creado por Alfonso X el Sabio- . Esta expansión de la actividad ganadera corre paralela al estancamiento (si no retroceso) del sector agrícola; las técnicas utilizadas son rudimentarias, todavía se utiliza el arado romano, el animal de labor predilecto es el buey y el sistema de cultivo de los campos es el de año y vez, junto con el de cultivo al tercio. Los principales productos cultivados, en la zona de la Meseta, son los cereales y el viñedo; más hacia el sur –en Andalucía- tiene lugar la expansión del olivar y, en Murcia, se produce el arroz. Se dan también las leguminosas, hortalizas, árboles frutales y lino.

La producción de cereal es baja, se estima que el rendimiento medio es de 5 a 1 (granos por semilla sembrada), y sigue siendo importante la explotación de los recursos del bosque en lo que se refiere a la obtención de madera, por un lado, y, por otro, la de alimento bajo la forma de la cría de ganado y la caza.

El s XV es un periodo de recuperación demográfica, los efectos letales de la peste –aunque se dan rebrotes de la misma- ha desaparecido. Se reinicia la actividad del proceso roturador para poder dar solución a las necesidades alimenticias de una mayor población y se asiste, en general, a una elevación de los precios agrícolas.

La Mesta Castellana
                                     La Mesta castellana

El enorme desarrollo de la ganadería trashumante lanar lo dan las cifras que se conservan. A principios del s XIV, el número de cabezas de la cabaña ovina trashumante se sitúa alrededor de 1.500.000, alcanzando, en 1474, la cantidad de 3.000.000 de cabezas. Desde luego, este incremento tiene una relación directa con los efectos de la peste negra, que provocó un abandono de muchas aldeas y de sus tierras que pasaron a ser utilizadas como pastos. La lana obtenida fue utilizada, fundamentalmente, para suministrar a los telares de la región de Flandes, aprovechando la guerra en la que se ven metidos Francia e Inglaterra Castilla pasa a proveer este producto en detrimento de Inglaterra.

El sector pesquero tiene una evolución positiva, tanto la pesca de bajura como la de altura. Se obtiene la ballena en el Atlántico, el besugo en la costa cantábrica, la sardina en la costa gallega y el atún en la zona atlántica de Andalucía.

El mineral de hierro se obtiene de las ferrerías de las vascongadas, en especial de las de Vizcaya. La construcción de navíos se realiza en la costa cantábrica y en la ciudad de Sevilla; destaca la cerámica de Talavera, las armas de Toledo y, en Valladolid, nos encontramos con una artesanía de calidad en la que intervienen peleteros, plateros e iluminadores.

La actividad ganadera trashumante es, como ya se ha insistido, la de mayor importancia. Ésta es la que proporciona un mayor beneficio a la Corona al recaer sobre la misma el sistema impositivo (el más importante de los tributos fue el montazgo). El problema para Castilla viene del hecho de que no aparece una industria textil sólida; exporta la lana, como materia prima, para que sea manufacturada con lo que en buena parte, su estructura económica, tiene amplias coincidencias con las de un país colonial.

En el periodo de la Baja Edad Media adquiere importancia el desarrollo de las ferias en muchas de las ciudades de la Corona, la más importante es la creada, por Fernando de Antequera, en Medina del Campo, que pasa a ser lugar de reunión de mercaderes hispanos, italianos, franceses y flamencos.

La actividad mercantil, con el exterior de la Península fundamentalmente, da origen a la aparición de entidades bancarias y sociedades de tipo mercantil; sin embargo, el comercio desarrollado con Portugal, Navarra y la Corona de Aragón, fue débil. Algo más de amplitud lo tuvo el mantenido, dentro de Aragón, con el reino de Valencia. En este caso, se exportaban alimentos (la mayor parte trigo, también aceite y vino) y se importaban productos manufacturados, consistentes en muebles, frutos secos, objetos cerámicos y tejidos (de algodón y lino).

Pero la mayor actividad mercantil se dio con países extranjeros, quedando claramente establecidos dos focos principales: uno en el Cantábrico oriental, donde existió un buen entendimiento entre los mercaderes burgaleses con los marinos de la costa cantábrica; otro, en la zona atlántica de Andalucía, la cual conecta con Sevilla, en donde se encuentran instalados muchos mercaderes italianos, generalmente de procedencia genovesa.

 
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