Economía en la Hispania romana
Hispania Romana - Economía

Las principales fuentes de riqueza de la Hispania romana fueron el sector agrícola, el ganadero y la minería.

Por lo que respecta a la agricultura, la producción de cereal alcanzó unos niveles notabilísimos de tal manera que, aún siendo superada por la de Egipto y N de África, alcanzaba unos niveles similares a los de la Galia. Se obtenía fundamentalmente de la Turdetania (valle del Guadalquivir), donde se solía sembrar entre los olivos. La provinicia de la Lusitania destacó igualmente en esta actividad, siendo generalizado su cultivo en toda la península con excepción de la zona Norte.

El cultivo del olivo fue de gran importancia, así como la producción de aceite. En esta actividad destaca la provincia de la Bética, también la Tarraconense (en la Albufera de Valencia, así como en el Valle del Ebro). En la Lusitania se dio en los alrededores de Mérida y puede decirse que se extendió por toda la península.

El lino se cultivó en las regiones de Játiva y Tarragona mediante el sistema de riego artificial. Los romanos aclimataron su cultivo en el NO. El cultivo del esparto se dio en el SE peninsular, sobre todo en la región de Cartagena. En las zonas de regadío se dieron los frutales destacando, de entre todos ellos, la higuera.

Los romanos conservaron los sistemas de regadío anteriores a su llegada, creando otros nuevos. Los pantanos, cuya finalidad fundamental fue el aprovisionamiento de agua para las ciudades, también fueron utilizados para el riego. Actualmente se conservan canales de riego en Sagunto, pero los árabes referenciaron obras de este tipo en Murcia y Almería.

La ganadería fue una actividad, en algunos sitios, tan importante como la agricultura. Destacó sobre todo en la cuenca del Duero (cría de ovejas) y del valle del Guadalquivir (cría de ovejas y vacuno). Se da también la cría de caballos en la Meseta y en la Lusitania, existiendo éstos en estado salvaje en las zonas más septentrionales.

No se tiene noticias de la existencia de una ganadería trashumante organizada, en general se trataría de una ganadería de tipo estante.

De los bosques se obtuvo fundamentalmente la madera. De ellos se abastecían de cochinilla y quermes para su utilización en el teñido de telas.

La explotación de los yacimientos de oro y plata dio lugar a una actividad muy lucrativa. El oro se encontraba en Sierra Morena y algunas zonas del Sur pero, la mayor parte, se obtenía de los yacimientos del NO. Aquí se llegaron a producir cantidades de 20000 libras al año. La conquista de estas regiones por Augusto tiene en esto su explicación.

La plata se obtenía de Cartagena y de algunos focos de la Bética, Sierra Morena y el NO. El cobre continua explotándose en Río Tinto además de otros yacimientos de menor importancia ubicados en el valle del Guadalquivir y Sierra Morena. El hierro no fue un mineral frecuente, más limportancia tuvo el plomo que se extraía a partir del metal de la plata, por lo que se obtuvo fundamentalmente en Cartagena. El estaño se obtenía de las regiones de Galicia y Lusitania.

Tratándose de una economía basada en el trabajo de los esclavos, la obtención de los mismos era de vital importancia. Hispania aportó una enorme cantidad de ellos como consecuencia de las guerras de conquista hasta el punto de superar las cifras que se obtenían en las Galias.

Durante la etapa del Alto Imperio la forma económica por excelencia fue la consistente en grandes extensiones de terreno, trabajadas por esclavos, bajo titularidad privada; también fueron frecuentes las de titularidad estatal.

En un principio el trabajo libre o de los colonos no pudo competir con la baratura del mayoritariamente esclavo pero el peligro originado por las sucesivas revueltas hizo que se localizasen, este tipo de explotaciones, en las cercanías de las ciudades para su mayor control.

Para el trabajo en las minas también se utilizó el trabajo de los esclavos, lo que originaría un encarecimiento adicional al tener que destacar componentes militares para la vigilancia de las mismas. El uso de esclavos llegó hasta las actividades artesanales que se practicaban en las ciudades, actividades que superaron los niveles de autoabastecimiento de tal manera que el sobrante es dedicado a la venta dentro de la propia ciudad.

Los productos principales en la exportación fueron los minerales, el aceite y el vino. Estos productos salían de la península a través de los puertos de la zona meridional y oriental, especialmente los puertos fluviales del valle del Guadalquivir y Mérida, y los marítimos de Cartago Nova y Gades.

Las importaciones fueron normalmente de objetos de lujo y manufacturados con destino a las regiones más romanizadas. También circularon hacia el NO pero para nutrir las necesidades de los altos cargos del ejército y de la administración.

La romanización generalizó el uso de la moneda. Durante el Alto Imperio acaba imponiéndose el uso del denario de plata y sus divisiones inferiores en cobre. La extensión de la moneda es pareja al desarrollo de la vida urbana de tal manera que las oligarquías municipales, como medio para enriquecerse, recurren al acopio de las mismas. No parece tan generalizado su uso en las zonas norteñas en donde el trueque continuó siendo normal en las operaciones comerciales.

Este sistema económico entraría en crisis definitiva durante el s III., crisis en todos los órdenes que responde al fin del mundo antiguo del que Roma fue la culminación política.

Durante la etapa del Alto Imperio fueron apareciendo unos elementos novedosos, de importancia creciente, consistentes en grandes propiedades territoriales, que no eran controladas por el fisco de las ciudades y que empleaban como fuerza de trabajo, fundamentalmente, la mano de obra de los colonos. Poco a poco los sistemas económicos de la ciudad tendrían más problemas para competir con ellos.

La inmensa capacidad productiva de la República y el Alto Imperio, basada en el esclavismo, se agotó. Las ciudades no pueden hacer frente a los grandes gastos ocasionados por las obras públicas y una inmensidad de gentes improductivas residenetes en ellas. Por otro lado, las altas cargas impositivas con motivo de mantener un nutrido ejército garante del sistema ahondaría más en la crisis.

La crisis es el choque de unos intereses contrapuestos: el de las oligarquías urbanas y su modelo esclavista frente al de los señores de las villas rurales y su modelo basado en el colonato; es el segundo modelo el que se impone. El Cristianismo, que se afianza en este siglo, contribuye a la debilidad del sistema esclavista al que ataca continuamente. Cada vez es más frecuente asistir a la ruina de pequeños propietarios urbanos que van a engrosar las filas de la plebe urbana improductiva o, con mucha frecuencia, van a formar parte del colonato.

Esta crisis iba a tener como consecuencia, en la política monetaria, una devaluación de la moneda. El denario de plata iba a ver mermada su calidad progresivamente hasta llegar a la utilización del cobre.

Por si fuera poco, se producen las primeras invasiones bárbaras a mediados del s III y para protegerse es práctica común el amurallar las ciudades, generalmente con material de rehecho, con lo que el perímetro urbano se ve reducido. Muchas de ellas fueron incluso abandonadas.

La situación dada en el Bajo Imperio es consecuencia de la crisis del s III. Estamos en un periodo de transición entre el mundo antiguo y el feudal de la Edad Media. Los latifundios ahora surgidos son unidades económicas autosuficientes con capacidad para generar excedentes que se utilizan para pagar al fisco y comerciar.

Las jerarquías cristianas, tras ser declarada por Constantino religión oficial del imperio, son poseedoras de grandes extensiones de tierras donadas por los emperadores o particulares. Además, esta jerarquía, posee inmunidad en materia fiscal.

La clásica ciudad romana entra en decadencia al no poder soportar una fiscalidad creciente por parte de Roma, ni poder dar solución a las tensiones originadas por una numerosa plebe improductiva que reside en ellas. La reforma monetaria de Constantino dio motivos para acrecentar la crisis ya que el establecimiento del denario de oro, como moneda para el pago de los impuestos a Roma, envió a la ruina a no pocos oligarcas cuya "fortuna" había sido acumulada en el denario de cobre.

Ciudades de la cuenca del Duero y del Ebro son abandonadas floreciendo, en estos mismos lugares, ricas villas rurales. Otras pervivieron, pero cambiando su carácter y orientación (muchas de ellas pasan a ser sedes episcopales): éste es el caso de Toledo, en la Meseta.

La decadencia del Bajo Imperio afectó en menor cuantía a las zonas menos romanizadas en donde no se había sentido el efecto de la ciudad.

 
Pueblos prerromanos
Hispania Romana - General

La conquista romana unifica en buena parte las divergencias existentes en la península como consecuencia de los distintos y distantes pueblos que habitan sobre ella a su llegada. Podemos decir que para los pueblos del valle del Guadalquivir y de la costa Este eran mucho más afines los romanos que los demás pueblos peninsulares.

Poblamiento prerromano

En parte de la Península se hablaban lenguas indo-europeas , célticas principalmente. No era este el caso de la zona meridional y de la costa oriental, zonas de mayor nivel cultural, que influyeron de alguna manera sobre los otros pueblos. Este hecho se puede observar en la adopción por parte de los primeros del alfabeto ibérico para escribir en sus lenguas indoeuropeas.

En la primera mitad del primer milenio a.C., al mismo tiempo que se dan las colonizaciones fenicias y griegas (en el sur y el este), entran en la Península por los Pirineos grupos constituidos fundamentalmente por celtas. Estas invasiones se sitúan dentro de la denominada Edad del Hierro; estos pueblos conocían la metalurgia del hierro, ubicándose en la zona que hoy corresponde a Cataluña y el Valle del Ebro, de ahí pasaron a la Meseta.

Así pues, en la primera mitad del primer milenio, nos encontramos claramente con tres áreas poblacionales: los pueblos ibéricos (en zonas meridionales y orientales) y los célticos y celtibéricos (en el interior).

Pueblos del Sur de la Península

La zona al sur de Sierra Morena, centrada en lo que es el Valle del Guadalquivir y en la costa meridional, era la más densamente poblada. Se trataba de una zona muy desarrollada en comparación con el resto peninsular. Aquí tuvo lugar la formación del primer Estado peninsular: Tartessos (en la primera mitad del primer milenio a.C.).

Desaparecido Tartessos los pueblos que lo formaban llevaron una vida más o menos independiente pero siempre mediatizados por la influencia cartaginense: turdetanos, bastetanos, oretanos y libiofenicios.

Los turdetanos, probablemente los herederos de Tartessos, ocupaban el Valle del Guadalquivir y eran los que poseían un territorio más rico y más nivel cultural. Poseían una desarrollada ganadería y agricultura, explotaban las minas y se dedicaban al comercio de los metales. Ahora bien, no formaban un grupo político poderoso, como el extinguido Tartessos, y se encontraban en una situación de inferioridad frente a los cartagineses en lo referente a sacar el mejor provecho de las riquezas mineras de la zona.

En agricultura explotaron los cereales, la vid y el olivo. En ganadería destacó el ganado vacuno. Para las relaciones comerciales se utilizó el trueque, aunque al final (s. III a.C.) acuñaron moneda que sirvió para pagar los intercambio comerciales con los cartagineses y para cobrar los mercenarios contratados por éstos.

No se sabe a ciencia cierta como estaría dividida la sociedad, pero sí se sabe que existía una clase dirigente que no intervenía de manera directa en el trabajo y que era una mínima porción del conjunto total; la gran mayoría restante tendría una situación de semiesclavitud similar a los ilotas de Esparta.

La forma en se organizaban socialmente era la ciudad. Se trataba de ciudades-estado gobernadas por reyes que podían extender su soberanía a otras. Las más grandes se situaban a orillas de los ríos (Hispalis, Corduba, Carmo) o, con menor preferencia, el mar (Gadir, de fundación púnica). Pero la mayoría de ellas serían pequeñas fortalezas de reducidas dimensiones.

Pueblos del Este de la Península

Presentan muchas coincidencias con los pueblos del Sur, pero aquí el elemento de influencia púnica es menos importante, destacando más la influencia griega (a través de las colonias de Marsella y Sicilia).

Uno de estos pueblos, los ilergetes, se asentaron en el interior de la actual Cataluña, sobre sus costas lo hicieron los indigetes. En las zonas pirenaicas lo hicieron los iaccetanos y cerretanos. Hay que decir que los pueblos que se situaron al sur del Ebro desarrollaron una cultura superior. Es el caso, desde el Ebro hasta Cartagena, de los edetanos.

Fueron abundantes los contactos con el exterior de la Península. Lo hicieron fundamentalmente por mar, pero también por tierra a través de la vía Heraclea (la vía Augusta para los romanos). Para comunicarse con el interior de la Península utilizaron los valles de los ríos y los pasos de las montañas. Destacaron el Valle del Ebro, y los Valles del Jalón, del Júcar y Segura para contactar con la Meseta.

Las zonas del Levante y SE no fueron tan ricas como las del Sur desde el punto de vista minero, sólo destacó en éste sentido la región de Cartagena. Se cultivó la vid, el olivo y los cereales, destacando en Saitabi (Játiva) la industria de tejidos de lino.

La organización política era la de estado-ciudad gobernada por una asamblea, senado o magistratura. La clase dirigente, compuesta por los propietarios de las tierras y mercaderes, utilizaba el trabajo de los hombres libres y esclavos, ejerciendo el control de las mismas.

Pueblos del Oeste y Centro de la Península

Fueron los que opusieron mayor resistencia a los romanos. Sus pobladores penetraron en el s VIII a.C. a través de los Pirineos, siendo en su mayoría de origen celta. Trajeron a la Península su lengua, el uso del hierro y una ganadería bastante desarrollada. Los situados en la parte oriental entraron en contacto con la cultura de los iberos, dando lugar a lo que se ha dado en llamar pueblos celtíberos.

Los lusitanos y los celtíberos fueron los grupos más importantes, pero hay que citar a dos pueblos que habitaban al Oeste de los celtíberos: los vacceos, sobre las actuales tierras de Valladolid y Palencia, y los vettones, sobre Salamanca. En la meseta meridional se ubicaron los carpetanos.

Todos estos pueblos se organizaron en forma de tribus y clanes y, siendo nómadas en principio, poco a poco se fueron asentando, construyendo fortificaciones para guarecerse, dando lugar a embrionarias ciudades (Numancia). Aunque, por lo general, se trataba de pequeñas aldeas fortificadas.

La producción económica fundamental era la ganadería y la agricultura. Celtíberos, lusitanos y vetones tenían como base la ganadería, en especial el ganado menor: ovejas y cabras. La agricultura no era importante aunque sí parece que conocían el cultivo de cereales. Para los carpetanos también era este tipo de ganadería importante, pero la agricultura tenía mucho más peso que para celtíberos y lusitanos dado que las tierras de la Carpetania eran más fértiles. Entre los vacceos predomina el cultivo de los cereales de secano como actividad económica fundamental.

Dada su organización tribal la posesión de las tierras en estos pueblos debió de ser comunal. Los vacceos y los vetones debieron de mantener un régimen de propiedad comunal muy puro. Todos los años se dividían las tierras y se echaban a suerte, estando obligados cada uno a trabajar la parte que le correspondiere. La cosecha, una vez recogida, se almacenaba en graneros comunales. La comunidad castigaba con la pena de muerte a quienes no entregasen la parte correspondiente de la cosecha recogida.

Sin embargo, en la mayoría de los pueblos del centro y el Oeste de la Península, se fue produciendo una concentración de tierras en manos de una aristocracia que se había constituido dentro de las tribus. Esto iba a originar una gran inestabilidad social ya que los carentes de tierras tuvieron que recurrir al bandolerismo como medio de subsistencia.

Todos ellos desconocieron la moneda y recurrieron siempre al trueque como medio de intercambio en sus relaciones comerciales.

La organización social de estos grupos estuvo basada en las relaciones de sangre que dieron lugar a un clan o tribu. Esta cohesión comienza a romperse con la aparición de una aristocracia que realiza una práctica de unirse estratégicamente con otros grupos sin que exista una relación de parentesco.

Entre las relaciones de unos grupos con otros tuvo un papel importante el hospitium. Se creaba una comunidad en la que unos tenían los mismos derechos que los otros aunque no tuvieran los mismos lazos de sangre. Con el tiempo significo una situación de dependencia de unos para con otros, dando origen a la clientela.

La relación entre el jefe y los clientes no estaba ya basada en unas relaciones de igualdad, sino que establecía una subordinación con obligaciones por ambas partes. La clientela deshizo la esencia misma de la organización tribal.

Pueblos del Norte de la Península

Son los que tenían un nivel de vida menos desarrollado desde el punto de vista social, económico y político. Desde el NO hasta los Pirineos occidentales eran: los galaicos, astures, cántabros y vascones.

Apenas conocían la agricultura, siendo su base económica la recolección de alimentos. Criaban cabras y cerdos, animales de fácil alimentación.

Su organización social era el matriarcado. Las mujeres desempeñaron una función de máxima importancia en la vida de la comunidad (sobre todo en los cántabros): participaban en las guerras, realizaban la recolección de alimentos, heredaban los bienes y se ocupaban de casar a sus hermanos.

Aunque no era infrecuente la práctica del nomadismo, era bastante normal la posesión de poblados fortificados, los castros.

La mayor o menor resistencia que opusieron estos pueblos a los romanos está fundamentada en las diferencias observadas en los distintos pueblos. Estas diferencias son la causa de la dispar evolución dada después de la conquista romana.

 
Demografía y comunicaciones
Hispania Romana - Poblamiento

Durante la dominación romana se produce un incremento de la población en la Península debido, en parte, por la llegada de pobladores traídos de Roma y de la península itálica, pero también hay que tener en cuenta el hecho de que los incrementos en la producción agrícola posibilitarían un aumento generalizado de la población por el simple hecho de estar mucho mejor alimentada.

Durante la época del Bajo Imperio el fenómeno de la despoblación que afectó a Hispania actuó sobre las ciudades en el sentido de una migración con destino al campo. Este hecho acompaña al desarrollo de la villa romana, clave en la economía del Bajo Imperio.

Calzada romana
                       Sección de calzada romana

Los cálculos efectuados indican que la cifra máxima de habitantes que pudo tener la Península, durante la dominación romana, ascendió a siete millones de personas, con una esperanza de vida de 40 años.

Los movimientos de población tuvieron lugar hacia las grandes ciudades, las cuales fueron un punto de atracción para la población rural. Tarraco era el lugar de destino de la mayoría de la población emigrante de Hispania. La mayor parte de sus inmigrantes provenían de la provincia Citerior y, en mucho menos cantidad, de la Bética; no se han encontrado datos de la llegada de inmigrantes de la provincia de Lusitania.

Después de Tarraco, es Emérita Augusta la capital que mayor cantidad de forasteros recibe. Estos provienen mayoritariamente de Lusitania y, en mucha menos cantidad, de la Bética y Tarraconense.

Dentro de la Bética, es su capital, Corduba, y sobre todo Hispalis, las que acogen más personas. Astúrica y Legio, aunque en mucha menos intensidad, atraían gente debido a ser centros administrativos y militares, sin olvidar la existencia de las minas de oro existentes en la región.

En cuanto a las vías de comunicación, los romanos utilizaron las ya existentes, haciéndolas más aptas para el tránsito rodado mediante la pavimentación y construyendo otras muchas nuevas. Levantaron puentes sobre las corrientes de agua, eliminando el antiguo sistema de balsas para cruzar de una orilla a otra. Estas vías de comunicación respondían a motivaciones comerciales o militares. Los romanos enlazaron las zonas de producción de primeras materias con los puntos de distribución comercial.

El principal problema que tuvieron los romanos para enlazar una regiones con otras fue la especial morfología con que se encontraron, ya que la mayor parte del territorio se encuentra en una elevada altiplanicie, rodeada de cadenas montañosas, que dificultan el trazado de las vías de comunicación. Para resolver este problema, utilizaron los pasos naturales existentes y utilizaron los valles de los ríos que permitían la penetración hacia el interior.

Vias de comunicación Hispania romana
           Mapa de principales vías de comunicación

Durante la República se mejoró el trazado de la antigua Vía Heraclea que, procedente de Burdeos, llegaba hasta Cartagena para después girar al Oeste y adentrarse en el Valle del Guadalquivir. De esta época es también la ruta que unía Barcino (Barcelona) con Ilerda (Lérida). Pero es Augusto el que dota a Hispania de una red viaria eficaz para todo el territorio peninsular, estableciendo un cinturón de vías que rodeaban la Meseta para, desde estas vías principales, partir otras secundarias que la comunicaban con los puntos de distribución situados en periferia.

Las principales vías de comunicación eran, en la costa oriental, la antigua vía Heraclea, que ahora recibió el nombre de Augusta. Unía Italia, las Galias y el Valle del Guadalquivir. Conectando estas tierra estaba, en el N., al S. de la Cordillera Cantábrica, la vía que procedente de Burdingala (Burdeos) llegaba hasta Astúrica Augusta, cruzando los Pirineos por Roncesvalles, pasando a la cuenca del Ebro, por Pamplona y la región de Álava, internándose luego por Vindeleia (Pancorbo) hacia la Meseta. Por el O. se construyó una vía muy importante que se denominó la vía de la Plata. Enlazaba Emérita Augusta con Astúrica Augusta, poniendo en comunicación las regiones del NO con el tráfico comercial del curso del Guadiana, a través de los valles del Duero y del Tajo, ríos que eran salvados por puentes. A lo largo de costa oriental existía otra que unía Gades (Cádiz), pasaba por Carteia (cerca de Algeciras), Malaca y luego enlazaba en Cartago Nova con la vía Augusta.

Muy importantes fueron las rutas fluviales ya que en la antigüedad los ríos peninsulares eran mucho más navegables que en estos momentos. El Anas (Guadiana) era navegable hasta Mérida y el Guadalquivir hasta Sevilla e incluso Córdoba. También el Tajo y el Duero eran navegables en grandes trayectos, al igual que el Ebro. Los puertos Atlánticos se situaban sobre los ríos y no en el mar ya que aquí era más fácil su construcción y quedaban más protegidos. Así, por el puerto fluvial de Mérida, salían los productos mineros del NO. El material de Sierra Morena tenía salida fácil por el Guadalquivir, mientras que el mineral de las zonas del SE lo hacía por el puerto marítimo de Cartago Nova, uno de los puertos más importantes del Mediterráneo. El Valle del Ebro constituía otra ruta de comunicación de primer orden, a través de ella se tenía acceso a la Meseta y a las zonas más septentrionales, destacaban dos ciudades Zaragoza y Dertosa (Tortosa).

 
La conquista por Roma: Romanización
Hispania Romana - Romanización
Características pueblos prerromanos
                             Pueblos prerromanos: celtas e iberos
    

A mediados del primer milenio a.C. no hay ningún aspecto que nos permita hablar de unidad en lo que respecta a los pobladores de la Península Ibérica. Los romanos dotarán a la misma de una cierta homogeneidad que culminará en la época Imperial; pero una unidad dentro del marco global del Imperio Romano. Hispania será una territorio más de Roma.

Por otro lado, la romanización de la Península no es un hecho homogéneo. Los romanos actúan sobre una geografía diversa, como diversos son sus pueblos, por tanto el grado de asimilación de lo romano es diferente.

Además el sustrato indígena no fue algo amorfo a la romanización sino que unos elementos y otros interactuaron dando lugar a distintas situaciones dentro del proceso de romanización.

La generalización del latín como lengua facilitó la propagación de las ideas de Roma. El modo de pensar de Roma se materializa en la formación de una clase dirigente local, identificada con la clase dirigente del Imperio en general, que se constituye en oligarquías municipales.

Las ciudades hispanas se edificaron siguiendo los patrones romanos: calles que cortan en ángulo recto, con pórticos o soportales, conjuntos monumentales (templos, teatros, circos, termas..). Se generaliza el uso de la piedra de sillería, del ladrillo y del hormigón.

La educación de las oligarquías municipales ponía a éstas dentro del mundo cultural grecorromano pero el pueblo, en general, no participaba con la misma intensidad de este influjo cultural.

Los cultos religiosos grecorromanos tuvieron aceptación en la zonas más romanizadas y, fundamentalmente, en las ciudades. Pero perviven cantidad de dioses indígenas entre el pueblo. El culto al Emperador fue de gran aceptación en las minorías que dirigieron el poder en la Península, es decir, decuriones y clase ecuestre. Ambos fueron los que ejercieron el control directamente, mucho más que los representantes de la todopoderosa clase senatorial, con puntuales intereses en la gran urbe.

La conquista de la Península Ibérica tiene su origen en la Segunda Guerra Púnica contra los cartaginenses, momento en el cual Roma está jugándose con Cartago su preponderancia en el Mediterráneo occidental.

Mapa de la conquista por Roma
                    Fases de la conquista romana
La cronología de la conquista abarca del 218 a.C. hasta el 19 a.C. Pero, respetando las fechas dadas, la verdadera conquista tiene lugar entre el 218 a.C. y la caída de Numancia en el 133 a.C. El segundo periodo, entre el 133 a.C. y el 29 a.C., es un tiempo de gran actividad militar pero que tiene que ver con las guerras civiles de la última etapa de la República romana. El tercer periodo, del 29 a.C. al 19 a.C., sirve para dominar la zona septentrional, de escaso interés para Roma.

Ya durante la etapa de conquista comenzó el proceso de romanización cuya manifestación más importante consiste en la expansión de la vida urbana, vida urbana que ya existía en las regiones del Sur y del Este con unas características semejantes a las de las ciudades romanas en los aspectos fundamentales. Los romanos se quedaron con éstas y crearon otras muchas.

Los romanos, a su llegada, implantaron su modo de dividir la sociedad en dos grandes grupos: libres y esclavos. Pero para gozar de la condición de ciudadano había que poseer tierras en el territorio de la ciudad, por lo que gran parte del territorio de la misma gozaba de titularidad privada y otra parte quedaba reservado a uso comunal.

Junto a la explotación agrícola de la tierra otra base económica de las mismas era la fabricación de mercancías y el comercio (exterior e interior). El trabajo, esencialmente, lo desarrollaban en las ciudades los esclavos.

Los romanos favorecieron la expansión de las ciudades mediante repartos de tierra entre los indígenas y su ubicación en nuevas ciudades; al mismo tiempo establecieron núcleos de población romana traídos de Italia. El problema del bandolerismo (antiguo problema de los pueblos del Oeste y de la Meseta) fue mitigado, en alguna ocasión, con estos repartimientos.

Fue en el Valle del Guadalquivir, costa Sur y Este donde se produjeron los primeros asentamientos romanos, todos ellos a finales del s III a.C. y durante el s II a.C., zonas en las que ya existía un vida urbana indígena.

  
La Romanización, esquema
                                          La Romanización
  

En la formación de ciudades nuevas, en el interior, tuvo un papel importante el ejército romano. Primero porque el Estado romano reclutaba mercenarios a los que, tras terminar el periodo militar, se les ofrecía la posibilidad de adquirir la ciudadanía romana y de que se les entregara tierras. Por otro lado, a las legiones se les asignaba un territorio donde acampar que fue explotado con la finalidad de dotar a las mismas de los servicios necesarios para el sustento y la vida diaria. Así es como surgieron ciudades como León del asentamiento de la Legio VII Gemina.

La expansión de la ciudad romana trajo más cambios en aquellas regiones, como el O y la Meseta, en donde existían organizaciones contrapuestas. Se extendió el sistema de propiedad privada sobre el sistema de propiedad colectiva, se incorporaron nuevas técnicas e instrumentos agrícolas más perfeccionados y se produjo un incremento de la producción que sirvió para que apareciera una actividad comercial, y con ella la moneda acuñada, en unas regiones que nunca habían conocido tal cosa.

Pero también se extendió el esclavismo, inseparable de la ciudad romana, en unos territorios donde la casi totalidad de la población era libre. Y, en las zonas más septentrionales, la expansión de la familia patriarcal romana desintegraba los grupos gentilicios indígenas.

 
España: Factores geográficos
Hispania Romana - General

Una cuestión que tenemos que abordar cuando intentamos aproximarnos a la historia de España es tener claro cuando comienza el objeto de nuestro estudio, es decir, cuando surge España. Por ello considero que España constituye una entidad claramente diferenciada con la monarquía visigoda, cuya soberanía abarca casi la totalidad del territorio.

Anteriormente no existe una unidad organizativa que permita hablar de España y si existiese algún elemento diferenciador no podría considerarse como definitivo al estar sujeto todo el territorio a un aparato estatal más amplio, como era el romano.

La unidad pretendida por el reino visigodo, pretendida más que alcanzada, se ve rota por la invasión islámica. Luego, en todo el periodo de la reconquista, se asiste a un pluralismo reconquistador que pone las bases para un difícil camino hacia la unidad política.

En la historia de España se asiste a una dualidad contrapuesta. Por un lado, las tendencias centrífugas; por otro, las centrípetas. Esta dualidad se corresponde a estímulos originados por su singular geografía. Es pues conveniente, aunque sólo sea de manera escueta, dar un repaso a las características geográficas de la Península las cuales condicionan formas de hacer y pensar de los grupos humanos que en sus territorios se ubican.

 Composición del suelo peninsular
                          Composición del suelo

Por lo que respecta a la composición del suelo, nos encontramos con tres grandes zonas: la silícea, la caliza y la arcilloso-calcárea.

El suelo silíceo está compuesto principalmente por pizarras, cuarcitas, granito y gneis. Pertenece a este tipo de suelo a la parte occidental y núcleos del Pirineo central.

La parte caliza se corresponde con las alineaciones pirenaicas meridionales, prolongándose hacia el Oeste, englobando los Montes Vascos y gran parte de la Cordillera Cantábrica. Desde aquí se desplaza hacia el SE por medio del Sistema Ibérico hacia el litoral levantino.

Los materiales arrancados por le erosión a estos suelos graníticos y calizos se depositaron dando lugar a la España arcillosa. Llenan las depresiones del Ebro y la del Guadalquivir.

A este componente litológico debemos de añadir una especial morfología. Nos encontramos con tres grandes

Morfología peninsular
                        Morfología de España
unidades: la más grande es la Meseta, consistente en una gran altiplanicie central; las otras dos son la depresión del Ebro y la del Guadalquivir. La depresión del Ebro enlaza con la Meseta por medio del Sistema Ibérico; la del Guadalquivir suelda con la Meseta por medio de Sierra Morena. La unión de la Meseta con Galicia tiene lugar por medio del Macizo Galaico, siendo los Montes de León el comienzo del tránsito.

Estas cadenas montañosas hacen difícil la comunicación con la altiplanicie central y, en general, de todas las partes entre sí. Todo el conjunto suelda con el continente europeo por medio de los Pirineos, cadena montañosa que ocasiona una dificilísima comunicación.

La Meseta es la parte más grande y se encuentra sobre-elevada en la parte central ordenando todo el relieve. Las demás piezas se agrupan a su alrededor con complicadas soldaduras en forma de cordilleras que dificultan las comunicaciones.

Altimetría de España
                        Altimetrías de España

Vemos como el 57,61% del territorio se encuentra por encima de los 600 metros de altura, mientas que el 11,38% del suelo lo está por debajo de los 200 metros. Esto es malo para la agricultura dado que la elevación del suelo ocasiona un menor rendimiento agrícola. España es el segundo país con más altitud media de Europa, sólo es superado por Suiza.

Por otra parte, la Península es ampliamente bañada por dos mares de muy distintas características. Uno es el Atlántico (con su entrante Cantábrico); el otro, el Mediterráneo.

La temperatura media del Atlántico es fría en relación con la del Mediterráneo. En invierno oscilan sus temperaturas entre los 13 y 14 grados; en verano, entre los 18 y 19. El Mediterráneo no es un mar abierto como el Atlántico, consecuencia directa de su encerramiento continental es que sus aguas son mucho más tranquilas y las temperatura de las mismas mucho más altas (en verano se sitúan entre los 23 ó 25 grados).

Las aguas mediterráneas tienen una mayor concentración de sal. Lo explica el hecho de que el aporte originado por el desagüe de los ríos que vierten sus aguas en él viene a ser al cabo del año de unos 350.000 millones de metros cúbicos. La cantidad de agua que cae sobre él en forma de lluvia asciende a 852.000 millones de metros cúbicos y la evaporación es de 3.618.000 de millones; por lo tanto existe un déficit de 2.416.000 millones de metros cúbicos de agua al año.

Si no fuera por la aportación atlántica (agua también salada), que equilibra los niveles, el descenso del nivel de las aguas del Mediterráneo sería de, aproximadamente, un metro anual.

Climas de España
                   Mapa climatológico de España

Nuestro país, por situación absoluta, debiera de gozar de un clima templado-cálido. Además, al estar rodeado en buena parte por ambos mares debiera de garantizar temperaturas constantes y abundantes lluvias. Pero no es así.

Los mares que nos rodean son de características totalmente distintas. Las barreras montañosas se encargan de impedir las influencias positivas del Atlántico y las enormes masas continentales que nos rodean (africana y euroasiática) se encargan (todo ello) de que se manifiesten grandes contrastes regionales: frente a precipitaciones que superan 1.000 mm, otras no llegan a 170 mm; en una misma región interior tienen lugar diferencias térmicas de 50 grados.

Se observan tres grandes regiones climáticas: La del interior, la más extensa, formada por la depresión del Ebro, la sub-meseta septentrional y el centro y Este de la meridional. Sus escasas lluvias se producen en primavera y otoño; hay gran oscilación térmica, temperaturas muy bajas en invierno y muy altas en verano. La franja cantábrica y Galicia, de inviernos frescos y veranos suaves, con lluvias abundantes y bien distribuidas durante todo el año. La del clima mediterráneo es la de más cálidos inviernos, por tanto la de más alta temperatura a lo largo del año; las lluvias son escasas y muy irregulares, se extiende por el litoral Mediterráneo, Andalucía y la mayor parte de Extremadura. Tenemos que excluir de esta clasificación el ángulo NE, más húmedo, y el del SE, subdesértico. Por el contrario, hay que incluir las Baleares.

Pluviometría en España
                         Pluviometría en España

Toda esta clasificación concluye en que los ¾ partes del país corresponden a zonas áridas.

Lo visto condiciona la forma de discurrir las aguas de nuestros ríos. La vertiente cántabro-atlántica es más extensa que la mediterránea. De las tres grandes unidades morfológicas, la Meseta, el Valle del Ebro y el Valle del Guadalquivir, desembocan en el Atlántico las aguas de la última y las de la mayor parte de la primera, ya que hacia este mar quedaron inclinadas en su formación.

Todos estos factores condicionan los comportamientos humanos que habitan sobre el medio físico, pero la incidencia de éstos sobre el medio también condiciona la posterior evolución geográfica. En la sub-meseta septentrional, en la época romana, las masas arbóreas eran enormes; estaban formadas por encinas, robles, enebros y sabinas.


Romanos y visigodos no alteraron esta riqueza forestal; la alteración se origina en los siglos XII y XIII y, sobre todo, a partir de 1273 con la creación de la Mesta. Los animales comieron brotes y plantas jóvenes y fueron incendiados muchos bosques para originar pastos. A esto hay que añadir la enorme actividad de roturaciones a la que se vio sometido el suelo durante todo el periodo de la Edad Media.

Deforestación y pastoreo excesivo agravan el problema de la erosión ya que, sin las raíces que fijan el suelo, es fácilmente arrastrado por las aguas de lluvia.

Hidrografía en España
                                  Cuencas hidrográficas en España

La región interior es la menos favorecida, desde el punto de vista climático, a la hora del aprovechamiento del suelo, ya que la España húmeda carece de buena insolación y de altas temperaturas en verano, pero llueve abundantemente; la España mediterránea es castigada por la aridez, pero no existe el riesgo de heladas. En cambio en la España interior se da todo lo negativo: tiene aridez y se dan heladas.

Por lo que respecta al tipo de poblamiento, diremos que en la España húmeda el poblamiento rural es disperso, formado por muchos caseríos o aldeas muy cerca unos de otros. Existió también dispersión en las zonas de regadío levantinas. En el resto del país domina la concentración de la población: poblaciones pequeñas y cercanas en la sub-meseta septentrional y más grandes y más distanciadas en el resto.

 
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