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Hacia el año 1080 las fronteras septentrionales de Al-Andalus siguen resistiendo el poder feudal del territorio catalán - aragonés. Sin embargo, Al-Andalus, ofrece unos claros signos de debilidad que se traduce en el sistema de parias.
Pronto asistimos a una serie de importantes campañas militares:
- En el primer cuarto del s XII, las tropas de Aragón - Navarra ocupan el valle medio del Ebro, extendiendo su influencia por Zaragoza, Tudela, Calatayud y Huesca.
- A partir de los años 1147 - 1167 son controlados los territorios correspondientes a Lérida, Tortosa, Bajo Ebro, Altiplano Turolense y Bajo Aragón, por Ramón Berenguer IV y Alfonso II.
Desde estos momentos las fronteras con el mundo musulmán quedan situadas en las sierras ibéricas, frente a Valencia.
En todo el valle del Ebro la superioridad demográfica cristiana no se consigue hasta bien entrado el s XIII perviviendo, no obstante, importantes agrupaciones mudéjares. La instalación de nobles y campesinos cristianos en estas zonas ocasiona la aparición de núcleos feudales, inexistentes hasta estas fechas.
En 1229 es conquistada Mallorca por las tropas de Jaime I, siendo el total de la población autóctona sustituida por poblamientos cristianos. La conquista de Mallorca debe entenderse como el prólogo de la toma de Valencia, la cual se materializa en el año 1238. Aquí también es desalojada la población musulmana (edicto de expulsión de Jaime I en 1248). Las comunidades mudéjares que permanecen son forzadas a severas cargas fiscales por parte de los señores feudales y la propia monarquía.
Desde finales del s XII, y durante el s XIII, se observa un fuerte crecimiento de la población. Los datos que tenemos, para el año 1300, nos hablan de una población de 450.000 habitantes para Cataluña, 200.000 para Aragón y otros tantos para Valencia. Mallorca estaría poblada por unos 50.000 habitantes. Con lo que la totalidad de la Corona contaría con una población de unos 900.000 ó 1.000.000 de habitantes, de los cuales 1/4 parte, aproximadamente, serían pobladores musulmanes. Navarra, por estas fechas, contaría con 130.000 habitantes.
Es a partir de estos momentos cuando una serie de contingentes humanos provenientes de las zonas rurales, inmigrantes del oeste y sur de Francia, de Champaña, Provenza, Italia y, en menor cantidad, de Inglaterra y centroeuropa, se establecen en estas zonas como artesanos y mercaderes.
En los antiguos poblados castrales, la Iglesia mantiene una posición secundaria. Están vinculados, sobre todo, a antiguos castillos y fortificaciones. Son ejemplos de éstos: Conesa (Conca de Barberá), Ciutadilla (Urgel), Vilosell (La Garriga), Monreal del Campo (Teruel) y Peralta de Alcolea (Huesca). Los poblados nuevos son creados por designio de la autoridad correspondiente, en estos destacan las murallas de la villa, la Iglesia y el mercado como elementos característicos. Un ejemplo de estas poblaciones son: Ulldecona, Figueras, Vilanova i Geltrú,Olot, Villafranca de Confrent, La Puebla de Valverde, Mosqueruela, Alcorisa, Monreal, La Guardia y Echarri-Anaraz.
El desarrollo de las ciudades es importante. A mediados del s XIV Barcelona, que hacia el año 1000 presentaba 1.500 habitantes, se encuentra poblada por 40.000 habitantes, poseyendo la primacía demográfica y política de la Corona. Lérida y Tortosa cuentan con 7.000 pobladores. Zaragoza, Valencia y Palma de Mallorca cuentan con 20.000 habitantes. Huesca con 8.000, Teruel con 6.500, Daroca con 3.500 y Monzón con 3.000 habitantes. Se puede decir que un 15% de la población total de la Corona vive en las ciudades.
En las nuevas tierras recuperadas al Islam se continúa con las actividades de roturación, pero en aquellas zonas en las que existe una buena infraestructura de regadíos (Valle del Ebro y Levante) los dirigentes feudales no realizan cambio alguno. Cabe destacar, concretamente, como zonas de huerta las siguientes: Zaragoza y Lérida, con miles de hectáreas; Huesca, con 800 ha; el bajo Cinca y Alcañiz; Valencia, con 750 ha; Gandía, Villareal y Alicante.
En correspondencia con el auge de las ciudades, se asiste a una fuerte expansión de las manufacturas textiles de la Corona, en especial las catalanas y valencianas. Se abren los mercados del Norte de África, del Mediterráneo y de la Corona de Castilla. Cabe citar también las industrias del cuero y pieles y la fabricación de calzado.
El control del Valle del Ebro posibilita la utilización de la única vía fluvial navegable en el NE peninsular, dando lugar a un flujo de mercancías doble. Por un lado, de cereal y lana del interior de la península al Mediterráneo; por otro, de seda, especias, cueros y frutas hacia Castilla.
La moneda circula desde 1182, coincidiendo con el descubrimiento de plata en Bielsa, a lo que hay que añadir la importación que se efectúa desde las comarcas de centro Europa. A mediados del s XIII, Valencia y Mallorca acuñan moneda propia. Con el aumento de la masa monetaria asistimos al incremento del crédito y, dado que este tipo de operaciones están prohibidas por la religión a los cristianos, se ocupan de ellas los judíos en la mayoría de los casos.
El periodo de 1220 a 1300 viene dado por continuas rebeliones de grupos nobiliarios contra el monarca, debido al temor que suscitaba el desarrollo de un estado fuerte. Jaime I consigue un periodo de sosegamiento entre los años 1230 a 1260, motivado por una serie de campañas militares concedidas a los nobles:
- 1225 y 1226: campañas contra Peñíscola.
- 1229: conquista de Mallorca.
- 1236: conquista de Valencia.
En 1260 vuelven las revueltas nobiliarias como consecuencia de las conversaciones mantenidas con la monarquía castellana (acuerdos sobre la toma de Murcia). Hasta el reinado de Jaime II no cesa la violencia nobiliaria contra la Corona.
La violencia nobiliaria fue siempre feroz, en territorio catalán, contra el campesinado. La debilidad de la Corona posibilitaba el que una pléyade de nobles de segunda fila, generalmente sin la supervisión del conde del cual dependían, agravasen el problema de la violencia. En la zona aragonesa la nobleza fue mucho menos coercitiva. |