Repoblación y poblados en el Camino
Románico y Camino de Santiago - Camino de Santiago

Hasta comienzos del siglo XI las tierras más al norte de Castilla-León carecen de una red urbana como tal ya que sólo podemos encontrar algunas ciudades con funciones meramente episcopales. A partir de estos momentos, y en poco más de 100 años, esta situación va a cambiar, dando lugar una serie de ciudades en las que la función militar, o episcopal, no va a ser la consecuencia de su origen o desarrollo. Estas ciudades van a surgir como consecuencia de la vía de peregrinación y se alinean, por tanto, alrededor del Camino, teniendo como foco inicial un monasterio, residencia real o una villa anterior que, ahora, se desarrolla. Es muy frecuente que hagan su aparición al paso de algún rio.
 

Una de las condiciones que posibilitan la existencia del Camino de Santiago es la del control territorial de esta zona por los poderes cristianos. El avance de la reconquista obliga a una repoblación de extensos territorios y, en este sentido, Alfonso VI de León convierte el Camino en un espacio privilegiado para canalizar el aporte demográfico que proviene, sobre todo, de más allá de las fronteras del reino. La llegada de pobladores francos ocasionará una reactivación de la economía y de la vida urbana. Alfonso VI, en 1072, suprime el impuesto denominado portazgo en Autares, en las mismas puertas de Galicia; crea buena cantidad de puentes entre Logroño y Santiago, mejora la seguridad de los viajeros, crea una tupida red de hospitales y dota de fueros a las poblaciones.

Desde la segunda mitad del siglo XI peregrinos de toda la Europa cristiana vienen hacia estas tierras. Los reyes, la Iglesia y los nobles se esmeran en hacer posible este fenómeno. Se cuidan los caminos, se construyen puentes, se disponen hostales y albergues. Llegado el caso de que el Camino no ofrezca ciudades en que dar acogida al peregrino, se crean. Esta multitud de peregrinos necesita realizar operaciones de cambio de moneda, adquirir ropas, útiles necesarios para continuar el camino y, de esta forma, el comercio es activado. Estas posibilidades de negocio hacen de imán que atrae gentes dedicadas al comercio y estas provienen, fundamentalmente, de más allá de los Pirineos.

Se les denominada genéricamente francos pero, en realidad, su origen es muy variado: lombardos, flamencos, ingleses, borgoñeses, catalanes, provenzales, gascones… Suelen establecerse a las afueras de las poblaciones formando burgos y los monarcas, desde Alfonso VI hasta Alfonso IX, siguen una línea de apoyo a estas comunidades mediante la concesión de las denominadas franquicias, exenciones que en un principio ocasionan desavenencias entre los francos y los antiguos pobladores (muchos de ellos como consecuencia de las migraciones de corto radio), aunque, rápidamente, fueron generalizadas para todos. Los fueros, otorgados a las poblaciones por los monarcas o señores, fueron otro elemento que promovió la repoblación de extensos territorios.

Los francos traen consigo tambien sus devociones: San Martín, San Nicolás, San Saturnino, Santa Catalina, Santa Marina, Santa María Magdalena o San Lázaro. Su presencia contribuye a la aparición y consolidación de la burguesía en las poblaciones del Camino, que acabarán nutriendo lo que será el patriciado urbano.

Puede decirse que, a mediados del siglo XIII, se encuentra finalizado el proceso repoblador en el Camino de Santiago, comenzándose un proceso de pérdida de importancia del mismo a todos los niveles. Entre otras causas que expliquen la decadencia deben de citarse la apertura de la fachada marítima al comercio atlántico, la repoblación sistemática de las zonas costeras atlánticas llevada a cabo por los monarcas o la recuperación de plazas en la Andalucía Bética.