Elementos del Camino
Románico y Camino de Santiago - Camino de Santiago
Conviene detenerse, aunque sea de forma superficial, en una serie de elementos fundamentales en la gran ruta jacobea.
  • Los peregrinos.
  • Los caminos.
  • Los hospederos.
  • Los hospitales.
  • La tumba de Santiago el Apóstol.

Los peregrinos
.

Peregrino debe de entenderse, en términos generales, como aquella persona que viaja por tierras extrañas. En el caso concreto de la peregrinación a Santiago debe de añadirse, además, un componente ascético -de purificación- mediante el cual una persona inicia un viaje con destino a un lugar santo. Este concepto es recogido en Las Partidas de Alfonso X el Sabio “...peregrino tanto quiere decir como hombre extraño, el que va andando a otros lugares de lengua y de extraña tierra...”,

Sin embargo, con ser esto cierto, desde muy pronto la palabra peregrino quedó reservada para aquellas personas que iniciaban el desplazamiento a Santiago de Compostela, para los que acudían a Roma se utilizaba el término de romeros y de palmeros para los que iban a Jerusalén. De este modo quedaron prontamente tipificados los participantes de las tres grandes peregrinaciones de la cristiandad.

De la conveniencia de aplicar apropiadamente el término de peregrino al fenómeno del Camino de Santiago durante la Edad Media lo demuestra el hecho de que Dante, en la Vita Nuova, acota el concepto de la siguiente manera :”...solo se puede entender por peregrino aquel que va o viene de la tumba del Apóstol...”.

Los motivos de la peregrinación entonces, como hoy, fueron de distinta índole:
  • Búsqueda de la perfección personal, proceso de ascesis en el cual es importante estar en contacto con las reliquias y santos lugares pero lo principal es hallar la paz consigo mismo. Esto es posible tras un Camino de dificultades a lo largo del cual una persona abandona su casa enfrentándose a multitud de problemas (nutrición, salud, hospedaje, seguridad, inclemencias...). Todo ello tendrá sentido con la llegada a la meta establecida.
  • Búsqueda del milagro que posibilite la curación de una enfermedad o solución de algún problema. Esta peregrinación es al estilo de las que se efectúan hoy días a Lourdes o Fátima.
  • Búsqueda de objetivos estratégicos de tipo político o militar. Se aprovecha el tirón de una religiosidad efectista, de tal manera que la peregrinación de un rey, obispo o noble era un buen modo de animar a un contingente elevado de población para realizar el viaje.
  • Búsqueda de aventuras. Tiene mucho que ver con el sentido que hoy día mueve a mucha gente a realizar el Camino. Motivos de aventura y de conocer nuevas tierras y culturas distintas. En la Edad Media, señores de la nobleza y del clero, geógrafos y escritores realizaron la ruta. Fruto de este tipo de peregrinación es el Codex Calixtinus.
  • Forzadas, con el objetivo de redimir una pena impuesta por la autoridad civil o eclesiástica. Este tipo se da con cierta frecuencia a partir del siglo XII.
  • Las realizadas por otro, como consecuencia -por ejemplo- del fallecimiento de la persona que debía de realizarla.
  • Las falsas peregrinaciones. Un nada desdeñable número de individuos poblaban los caminos con la intención de obtener sustento y alojamiento haciéndose pasar por peregrinos. Los caminos eran el medio de su sustento.

Los caminos

Rutas de peregrinaciónNo existen determinados caminos que hagan posible la peregrinación a la tumba del Apóstol. El Camino comienza desde el momento en que el peregrino sale de su casa y es el que él decide. Ahora bien, es lógico pensar que un viaje semejante se realizaba por una serie de recorridos en los que el peregrino buscaba el mayor amparo posible y ello, inevitablemente, le hacía pasar por una serie de puntos fijos dotados de las infraestructuras necesarias.

En España la ruta más importante fue el denominado Camino Francés. Desde los Pirineos atravesaba toda la zona septentrional de la Meseta para llegar a Compostela. La denominación de “Francés” es dada debido al alto número de francos que transitaban por él pero no sólo se acercaban de la vecina Francia -por extensión a todos se les solía llamar “francos”- pues esta vía recogía una gran corriente de peregrinación de dirección este-oeste que ocasionó un fenómeno claramente internacional.

La corriente sur-norte, peregrinación claramente peninsular, fue posible gracias al Camino Mozárabe que transitaba de Mérida a Astorga, donde se unía al Camino Francés. En general, tanto la vía horizontal como la vertical, aprovechaban una serie de caminos preexistentes, sobre todo las antiguas calzadas romanas.

Los hospederos

La acción de continuo movimiento de los peregrinos necesitaba, como contrapartida, de la de una parada para recuperar fuerzas. Fue necesaria la aparición en el Camino del concepto de la hospitalidad, sin la cual no hubiese sido posible tal fenómeno.

La hospitalidad es el ejercicio llevado a cabo por los hospederos para con los peregrinos, dándoles un lugar en donde descansar, alimentarse, y en donde se le prestaba auxilio tanto material como espiritual y, llegado el caso, también cristiana sepultura. Podía ser una labor desinteresada desempeñada por particulares o por la Iglesia, pero también se formó un aparato mercantil basado en este concepto.

La Iglesia fue la primera institución que puso en marcha una red de atención a los peregrinos, inicialmente en los propios monasterios, no en vano la virtud de la hospitalidad practicada por los hospederos es recogida en el mandato evangélico: “...quien a vosotros recibe, a mi me recibe, y quien me recibe a mi, recibe a Aquél que me ha enviado...” (Mateo, 10,40).

Los Hospitales

Son los edificios que, gestionados por los hospederos, recogen a los peregrinos que transitan por el Camino de Santiago aunque, en la práctica, no sólo atendían a los peregrinos sino a toda una legión de gentes desarraigadas que hacían del Camino un medio para sobrevivir.

Eran centros en los que se atendían problemas de salud pero, bajo este concepto, también quedan referidos los refugios y albergues. Para hacernos una idea más aclara, hoy podían encajar con las denominadas Casas de Acogida.

Llegaron a ser muy numerosos ya que debían de atender un flujo que, en los momentos de mayor apogeo -en el siglo XII y XIII-, podía llegar a los 500,000 peregrinos anuales. Atendiendo a su capacidad los había de todo tipo pero, lo normal, es que ofreciesen 12 camas siendo muy frecuentes aquellos que no pasaban de 3 ó 4 y que eran los creados por iniciativas particulares. Raros eran los que, como el Hospital del Rey -en Burgos- o el de Roncesvalles podían ofrecer más de 80 camas.

Una vez admitido el peregrino podía hacer uso de las instalaciones por una noche. Esto en el caso de estar bien de salud, en el caso de estar enfermo el hospital lo hospedaba el tiempo que fuera necesario, hasta sanar o morir. En este caso se le proporcionaba cristiana sepultura.

Todo hospital ofrecía cama y calor a la lumbre, que no era poco. También ofrecía alimento, pero es aquí en donde las diferencias entre los grandes hospitales y los más pequeños era más notoria. Puede decirse que, en el caso de los grandes, la alimentación era buena y abundante, otra cosa era en el caso de los pequeños...

Junto con la labor de acogida, prestación alimenticia y sanitaria, en el hospital se tenía acceso al consuelo espiritual. Eran muchos los peregrinos que enfermaban haciendo el Camino o que ya salían enfermos desde sus casas con la esperanza de que se produjese el milagro de la curación. Con frecuencia esto no ocurría y el peregrino moría, en el caso de llegar enfermos al hospital debía, antes de ser atendido por la enfermería, confesar, comulgar y hacer testamento. Si llegaba a perecer era enterrado con la solemnidad debida en un cementerio anexo al propio hospital o de una iglesia cercana.

Si bien todos cumplieron una función importantísima, cabe destacar aquellos que se encontraban situados en zonas especialmente dificultosas, altas laderas o puertos de montaña, como es el caso del de Roncesvalles, Somport, Foncedabón o Cebreiro.

La tumba de Santiago

El omega y alfa que mueve la peregrinación. Según la tradición, a mediados del siglo IX un eremita, Pelayo, capta unos signos externos en forma de luces que le revelan la existencia del sepulcro. Pone esta convicción en manos del obispo de Iria, Teodomiro, quien se dirige al lugar identificando el sepulcro del apóstol.

Las buenas relaciones de Teodomiro con el monarca astur Alfonso II traen como consecuencia el apoyo y la rápida difusión de este acontecimiento y rápido, en menos de cien años, la afluencia de gentes es un hecho.

Independientemente de que sea Santiago o cualquier otro personaje el que ahí este enterrado, lo cierto es que la “inventio” traerá consecuencias importantes que determinarán un movimiento de gentes sin parangón en el occidente europeo. Ello contribuirá a la formación de un espíritu común “europeo” y, en el caso de España, traerá consigo aspectos importantes como son la repoblación, la configuración de un espacio urbano característico en las poblaciones a la vera del Camino, la aparición de una clase de comerciantes y mercaderes y la difusión del románico.

La historiografía actual no se muestra definitiva a la hora de afirmar o negar si es Santiago el que está ahí enterrado pero este aspecto merece ser tratado con algo más de profundidad en una próxima entrega.