Castilla primitiva: repoblación y sistema defensivo
Los Reinos Occidentales - Poblamiento
El sistema defensivo de la Castilla primitiva va directamente unido a la ocupación del territorio y dentro del marco de la monarquía asturiana que, en tiempos del monarca Alfonso II, abandona la tradicional política pactista, conservadora, para dar comienzo a otra, más agresiva con el poder islámico. El traslado de la corte asturiana a la ciudad de Oviedo es algo que tiene que ver con lo dicho.

 
Reino de Asturias en el año 800
Reino de Asturias en el año 800
 
La región alavesa, núcleo de la primitiva castilla, se convierte en la avanzadilla oriental del reino asturiano y es zona sometida un mayor castigo por parte del poder islámico. Entre los años 792 y 795 sufre severas devastaciones con la intención principal de poder capturar al propio monarca Alfonso II. Los problemas, de orden interno, por los que atraviesa Córdoba, tras la muerte de Hisham, hacen que en el año 796 cesen de manera notable estas operaciones de castigo, lo que es aprovechado por Alfonso II para contraatacar, sometiendo a la ciudad de Lisboa.
 
Con Abderramán II en el trono, ya en el año 823, se recrudecen los ataques sobre la región alavesa, pero nuevas tensiones en Al Andalus hacen que el monarca tenga que dejar este objetivo en un segundo plano. Posteriormente, en los años 838 y 850, se tiene constancia de que la primitiva Castilla sufrió serias devastaciones, seguramente, la del año 850, como consecuencia de la participación de Ordoño I en la ayuda prestada a la sublevada Toledo.
 
Las constantes acometidas por el flanco oriental alavés hacen que el monarca asturiano, Ordoño I, tome conciencia plena de la necesidad de establecer un eficiente sistema defensivo. Tras la importante victoria sobre las tropas musulmanas de Albelda, en el año 859, Ordoño consigue frenar el poder de los Banu Qasi y, establecido un cierto control militar en la zona, se 
procede a la repoblación de la comarca de Amaya, extendiendo hacia el sur el territorio de la Castilla primitiva.
 
Valle de Losa
Valle de Losa
Valle de Mena
Valle de Mena
Paso de Pancorbo
 
 Fortaleza de Astúlez
Estas zonas de poblamiento, alejadas del núcleo de poder asturiano, desarrollan un sistema defensivo basado en fortalezas o torres de vigilancia. Del año 800 ya tenemos noticias de una primera línea defensiva que responde a una primera línea repobladora de cierta estabilidad, formada por los puntos correspondientes a Taranco, Aguera y Burceña. Estos núcleos de poblamiento eran protegidos por la fortalezas de Castrobarto y Castrogande y la cadena constituida por los montes de La Peña. Las dos fortalezas ejercen funciones complementarias, garantizando la vigilancia de los territorios situados al Sur y al Este, respectivamente.
 
Al poco de repoblar la linea de Taranco, Aguera y Burceña, tiene lugar la repoblación de Valpuesta y su contorno, esto en la zona del valle de Valdegovia, hoy en área alavesa. Aquí la vigilancia y control militar de la zona quedaría en manos de las fortalezas de Astúlez y Pontecerci, con funciones similares a las de Castrobarto y Castrogrande.
 
Sin embargo, la clave para garantizar un control militar, que garantice la repoblación en toda la zona, está en el dominio de la fortaleza de Pancorbo, Extremadura de Castilla tal como se menciona en un documento del año 893. Es recuperada hacia el año 822 pero no será hasta el año 870 hasta que no esté de forma más o menos estable en poder castellano. Es a partir de la segunda mitad del siglo IX cuando tiene lugar un auténtico movimiento repoblador en la zona castellana, y asturiana en general. Se levantan nuevas fortalezas que garantizan una defensa de las colonizaciones efectuadas en la Sierra de Tesla, avanzadilla de una zona, ya consolidada, formada por Losa y Valdegobia.
 
La consolidación de la repoblación de Amaya hace que en la práctica se alcance la línea de Burgos y, por los años en que se consigue definitivamente el control de Pancorbo (y con ello de los Montes Obarenes), se ocupan las fortalezas de Urbel, Moradillo, Poza de la Sal, Castil de Peones y Oca. En estos momentos la red defensiva parece controlar ya el paso de La Bureba. Si bien este avance hacia el sur no pasa desapercibido en Al Andalus, los emires cordobeses tuvieron que prestar más atención a las sublevaciones internas ocasionadas por los hijos de Musa, en Tudela y Zaragoza.
 
Las especiales circunstancias por las que atravesaba el reino astur-leonés, más acrecentadas en la región castellana, obligaron a la población a participar de forma muy activa en las tareas militares, debiendo ocuparse en muchísimas ocasiones de la vigilancia y mantenimiento de las torres y fortalezas que se levantaban. Esto se da fundamentalmente en Castilla, en donde la ausencia casi permanente de un ejército asturiano va a ser clave en la aparición de la figura institucional de los jueces que será clave en la futura independencia del condado.
 
Tres son las convocatorias más frecuentes para un acto de guerra. El apellido como forma de acudir a la defensa de una población específica y el bellum, menos frecuente, como una llamada de guerra abierta frente al Islam. Pero la más frecuente será la anubda o vigilancia desde las torres o fortalezas, el elemento más rentable a la hora de conocer con antelación la marcha o presencia de destacamentos musulmanes sobre la zona.
 
El equipamiento militar de estas gentes era básico y pobre, dirigido a las necesidades elementales de un soldado de infantería. Parece claro que, en estos momentos, llegado el momento de un combate cuerpo a cuerpo la superioridad de las armas musulmanas era total. Por este motivo era muy frecuente la utilización de estrategias de emboscadas y la excavación de trincheras en la tierra.
 
Las armas ofensivas más utilizadas fueron el arco, la lanza y la espada. Para la defensa se utilizaba un pequeño escudo circular fabricada a base de cueros y, para proteger la cabeza, en algunas ocasiones, fueron utilizados unos cascos semiesféricos; del mismo modo que, para protección del resto del cuerpo, a veces se utilizaron mallas. Pero esto representaba un coste demasiado elevado, por lo que lo más frecuente eran armas muy primitivas como mazas, hachas, guadañas e, incluso, simples piedras. En estos primeros tiempos la precariedad era tal que no se da uniformidad alguna entre los ejércitos.
 
El problema de la intendencia quedó resuelto ofreciendo la posibilidad de convalidar la obligación de prestar servicio militar activo mediante la donación de una mula, elemento vital para el transporte  de todo el material logístico.